
Hace ya tres años que escribo regularmente un blog. Comenzar aquí otro, junto con mis otros compañeros ferrolanos, tiene no obstante algo de emocionante. No siendo persona excesivamente sentimental considero que esta emoción es algo genuino, nuevo. Tanto yo como mis compañeros de UPyD a lo largo y ancho de España estamos apostando por algo arriesgado y subversivo: la Democracia. Pese a que sería muy fácil llamar a esta tarea que nos autoimponemos como quijotesca en realidad es tan sencilla como dar un paso al frente. Y esto que es tan sencillo... no es tan fácil.
En esta España nuestra, como decía Gabriel Celaya en su célebre poema,
vivimos a golpes y apenas sí nos dejan decir que somos quien somos. No hay que engañarse: siempre ha sido, y es, difícil e incluso peligroso el ser español y ser demócrata. Pareciera que pesa sobre la conciencia del español aquella recomendación hecha en otros días más oscuros acerca de no meterse en política.
Por desgracia el juego del poder es de suma cero y cuando no gobiernan unos gobernarán otros. No es algo que deba ser olvidado el que la mayoría del tiempo que el hombre ha pasado en la Tierra ha vivido gobernado por la fuerza, la superstición y el terror. Un suspiro nos separa de la barbarie y de no comprender que el poder no es bueno por sí mismo, por existir, sino por lo que hace: por lo que "nos hace".
La mera existencia tiende a ser confundida con la validez o incluso la perfección. El actual régimen político español es muestra de esto. En esta equivocada intuición se apoyan los que desprecian la Democracia y disfrutan de la Oligarquía. Para ésos algo como UPyD no puede ser identificado sino como un conjunto de oportunistas, una suerte de bandidos de la política que queremos arrebatarles lo que injustamente consideran suyo. Mediante el apoyo de los medios de comunicación y de los beneficiarios, económicos, de la Oligarquía se pretende silenciar la existencia de UPyD y transmitir de forma permanente la sugerencia de que en España ya tenemos una Democracia cuya reforma sólo puede ser vista como un acto de extremismo desaforado o de revanchismo inconfesable. Decía Vilfredo Pareto que en lugar de arremeter contra los sentimientos en un vano intento por destruírlos había que aprovecharse de ellos. Tal máxima parecen seguir quienes invocan "igualdad", "libertad" y, al fin, "Democracia" cuando actúan en todo como sus más francos enemigos. Hay mucha gente a la que, por tanto, tales cosas no le dicen ya nada o que las identifica vagamente con el orden de cosas actual, aunque le incomode. La realidad de esta bonanza, de esta "Democracia", es bastante más sombría.
Hablar de igualdad en la España que ha resultado de la imperfecta Constitución de 1978 y la Ley Electoral vigente es casi un insulto a la inteligencia de cualquiera. El principio elemental de "
un hombre, un voto" o de, sencillamente, saber que estás votando a personas y no a conglomerados partitocráticos son abandonados en pro de discursos sectarios por uno y otro lado. En la gigantesca trifulca futbolística que es la política hoy en España nadie parece alarmado por la insidiosa actitud de los separatismos periféricos favorecida por la violación del principio de igualdad política. Se nos dice con toda naturalidad que los pactos postelectorales para derribar al candidato más votado son una muestra de moderación democrática. Se nos dice también que la injusta sobrerrepresentación en el Parlamento de los nacionalistas es, asimismo, otra forma de moderación del poder. Se nos vende, en definitiva, que el modelo de descentralización vigente es una eficaz máquina de compensación y contrapoderes cuando en realidad es una gigantesca burla de lo que es una Democracia. Porque
no se pretende una distribución institucional del control del poder sino un mero, y escandaloso, reparto del poder. Baste ver con qué naturalidad determinados gobiernos regionales pisotean los derechos fundamentales de los ciudadanos para comprobar en qué medida el poder político se está convirtiendo en fuerza bruta, en un puro medio de opresión. Y la Democracia no puede amparar eso.
Pretenden que olvidemos la Ley so pretexto de servirla. Quieren hacernos creer que el miedo que siempre acompaña al poder ha desaparecido. Se cuelgan la vitola de demócratas y parecen creer que tenemos que transigir con todo. Pues no. No podemos creerles ni debemos creerles.
La Democracia es igualdad y libertad, esto es: división de poderes. Y en España, como he dicho, no hay igualdad desde el momento en que las diversas regiones rivalizan, llegando al esperpento, en producir legislación excluyente y diferenciadora a la que califican de "normalizadora"; desde el momento en que mi voto no es igual al tuyo o al de otro. Tampoco hay división de poderes en tanto el Gobierno es omnipresente. Tiene control no sólo sobre el Legislador, que no es más que su extensión, sino, y esto es lo más lamentable, sobre la Justicia misma. El poder no se divide sino que se subasta y reparte entre los partidos nacionalistas que aseguran "la gobernabilidad".
El poder, en suma, se halla en España indiviso existiendo tan solo una división formal por funciones. Tal sistema dista mucho de ser una Democracia aceptable y, como se ha dicho, tiene por nombre Oligarquía u Oligocracia.
Ante este orden de cosas uno no puede seguir participando del duelo futbolístico entre quienes no quieren cambiar nada sino acceder meramente al poder, por exiguo que acabe siendo por las sucesivas "subastas investidoras". Es por ello que doy desde aquí, uniéndome a quienes sienten lo mismo, un paso al frente por la defensa de la Democracia en España. No sé, ni sabemos, en qué terminará esto pero sin duda habremos obrado con justicia.
¿Podremos dejar de evocar como un grito actual aquel aforismo de Larra "
aquí yace media España, murió de la otra media"? Ya está bien de sectarismo. Ya está bien de PP, PSOE y nacionalistas.
Ha llegado la hora de reivindicar la Nación, la Democracia y la Libertad.¡Ánimo compañeros!