lunes 19 de mayo de 2008

Patxi López no es nada, ni nadie.

viernes 2 de mayo de 2008

2 de Mayo: exaltación de la barbarie y la ponzoña


El nacionalismo es un veneno. Las justificaciones del nacionalismo son ponzoña. Me da igual qué nacionalismo se defienda o si es incluyente o excluyente: el amor a la patria es ilegítimo. En tal colectivismo tienen su base muchas de nuestras pesadillas. Porque el nacionalismo no es una suprema razón de Estado, un utilitarismo despiadado, sino que es una forma insidiosa de atentado contra la libertad del individuo y contra la inteligencia de quienes aspiran a ser almas grandes.

Repugnantes y mezquinos afilan sus cuchillos para la próxima carnicería. Ebrios de sí mismos afirman representar la justicia. ¿Pero qué justicia? No la de verdad, no la de las pequeñas cosas. Afirman una justicia que no es de este mundo, una justicia de lo metafísico en la que el ser humano es casual adorno. Una justicia que se entiende y conversa con montañas, ríos y ensenadas. Una justicia, amigos, que nos consumirá como a yesca pues le somos molestos. Normalización.

Los pueblos van y vienen. Los bárbaros resucitan por siempre en la nada que ha de venir. Es inútil apelar a la preferencia temporal cuando afirmamos el sagrado derecho de nuestra conquista. Tiene de sagrado nuestra defensa lo que de inocentes las dagas del parricidio. No nos sirve. Ni celtas, ni romanos, ni sajones, ni normandos... todo es transcurso. Como diría el poeta estamos hechos del material del que se forman los sueños y nuestras pequeñas vidas están rodeadas por el sueño. No soñemos, vivamos.

No veo ningún acto que celebrar hoy y sí tengo mucho que lamentar. ¿Acaso de tal lamento me sustraerá el pálido y pervertido recuerdo de la canalla ensangrentada de odio de hace dos siglos? ¡Qué farsa! ¡Qué basura! Se complacen algunos en recordar a la muchedumbre, nostálgicos de la "algarada de lo suyo", como si fuese su actuación una suerte de acto fundacional de un corte mucho más excepcional que cualquier constitución política hubiere. ¡Bárbaros!

Yo más bien aborrezco a la muchedumbre y temo por la humanidad, por el individuo. Por ese individuo que, apesadumbrado, teme unirse a los unos o festejar con los otros. Temo por esas personas que no quieren saber nada de exaltaciones tribales y tiemblan de miedo frente a sus excesos. No temo, claro, por quiénes aduciendo ser temerosos perseguidos no son sino lobos con piel de cordero. Esos son bestias furiosas que esperan su oportunidad, de nuevo. Ellos, que exigen una honra faraónica de las glorias de la muchedumbre con la que se identifican, son los culpables: los eternos culpables. Culpables de que esta España nuestra, y de nadie, se retuerza cada generación en una explosión de odio y miseria. La mezquindad del bando rival es justificación para la del otro. El bando rival es la razón de existir de la mezquindad, en suma. Ciclo de la pobreza lo llaman algunos, ciclo de la locura otros. Vicio.

Acallemos sus gritos de odio. No festejemos sus burlas, no sancionemos sus crímenes. No aceptemos a los unos como exclusión de los otros. No recemos por sus almas o las nuestras, ciudadanos: persigámosles. Persigámosles denunciando su locura, no permitiendo que la hagan pasar por representación culta.

Los que claman por la verdad pura, los que ensalzan a sus partisanos y detestan a los otros, los enemigos de la libertad que afirman ser liberales... todos ellos son los más peligrosos de nuestros enemigos: por su insidia. Infames, creen habernos burlado. Increíbles, piensan pasar por lo que no son.

Así que viajeros, ciudadanos, olvidemos sus cuitas y festejemos este 2 de Mayo como la nueva oportunidad que todo día nos brinda para ser felices de nuevo. La nueva oportunidad de renacer en libertad. Tomemos conciencia de ello. Tal vez así evitemos, quién sabe, que esta España caiga, digo es un decir; y asegurar que ser español signifique, ay algún día, ser libre y no cofrade, sectario o bestia.

Yerra quien piense que dar satisfacción a los nacionalismos, de la jaez que fueren, hará que se calmen y nos amen. No: nuestra transigencia aumenta su audacia y odio. Son perros rabiosos.

"El problema de España es que sus reaccionarios han sido siempre de verdad y los liberales de pacotilla" Pío Baroja dixit.