lunes 2 de febrero de 2009

Un ferrolano, candidato nº1 de UPyD en A Coruña

Diario de Ferrol Digital


Ferrol Jueves 29 de Enero de 2009


Anido (UPyD): "Pedimos para el castellano la normalidad que tiene el gallego"

José Anido, candidato de UPyD

El ferrolano José Anido es el candidato número uno por A Coruña de Unión Progreso y Democracia (UPyD), una formación que quiere repetir en estas elecciones el éxito que Rosa Díez tuvo el año pasado en las generales. "Observamos que en la sociedad hay ansias de cambio", asegura el cabeza de lista provincial que no se corta en los pronósticos: "vamos a por el grupo parlamentario".

­¿Por qué se presenta UPyD a las elecciones?

­Decidimos concurrir porque en Galicia hay un déficit de libertades y derechos individuales, como el de la libre elección lingüística. También queremos acabar con las redes clientelares y con las adjudicaciones a dedo.

­¿Déficits de derechos en una democracia?

­Lo vemos claramente en la libertad lingüística. No puedes educar a tu hijo en su lengua materna si esa es el castellano; a las empresas se les obliga a emplear uno de los dos idiomas oficiales, se ataca a la igualdad en las oposiciones, que están hechas para consolidar puestos contratados a dedo.

­Parece que la cuestión del idioma será su gran baza electoral.

­Es un conflicto creado desde las propias instituciones. El PP puso los cimientos de la actual situación con la Ley de Normalización Lingüística.

­Con ustedes un galegofalante lo tiene crudo.

­Pedimos para el castellano la misma normalidad que para el gallego.


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miércoles 28 de enero de 2009

El PP a la deriva

Ante recientes encuestas y el espectacular crecimiento de UPyD la dirección del PP parece haber tomado la decisión de iniciar un lamentable acoso y derribo de esta fuerza política ante lo que cree "el robo de sus votos".

El Partido Popular, a diferencia de lo que sugieren algunas caricaturas, no es un partido ni lejanamente homogéneo y una breve mirada a su historia confirma que estamos más bien ante una federacion más o menos estable de movimientos políticos de muy distinto cariz. De hecho, lo que hoy consideramos Partido Popular en un pasado estuvo compuesto por diferentes partidos y tuvo nombre como Alianza Popular, Coalición Democrática o Coalición Popular. Como en tantas ocasiones la inicial forma confederal o de coalición dio paso a una más federal o unitaria. Pero evidentemente dicho paso no se hizo sin esfuerzos y concesiones. Concesiones, por cierto, que pueden adivinarse en la declaración ideológica que figura en los actuales estatutos del PP: que ensalza individualismo e igualdad de oportunidades, pluralismo y herencia cristiana, economía de mercado y justicia social, etc, etc... Dicho revoltijo, además, se ve acentuado por la práctica política del PP en las distintas regiones. Práctica política ésta que como todos sabemos está cada vez más escorada hacia un particularismo y regionalismo que, no obstante, siempre estuvo más que latente en el PP.

Ocurre así que el PP tiene por votantes-objetivo a decentes y a indecentes, a liberales y a conservadores, a laicistas y reaccionarios, a fieles y a infieles: en suma a gente muy dispar. Y a pesar de que el grado de fidelidad del votante del PP es enorme no es menos cierto que la victoria electoral o la derrota se mueve en los márgenes del voto. Y a día de hoy hay un margen de votantes del PP, los centristas y liberales, que no están nada contentos con la dirección de Rajoy y ven atractiva la opción de UPyD. Hablamos, no lo olvidemos, de votantes que se acercaron al PP cuando quedó claro que la gestión económica del PSOE era nefasta y por tanto no son votantes dogmáticos. Entonces: ¿a quiénes se quiere mantener bajo fidelidad mediante los actuales ataques del PP a UPyD?

Cabe ante todo preguntarse por qué razón el PP tiene el mayor grado de fidelidad de sus votantes. Yo sostengo la hipótesis de que esto sucede por el extremo grado de compromiso con el "orden y la disciplina" que el sector más duro del electorado popular mantiene. Así, del mismo modo en que el grado de colectivo desagrado concita siempre cualquier candidato derechista entre las izquierdas sucede otro tanto entre las derechas con cualquier opción que no sea la de "sumar esfuerzos contra la izquierda". Semejante razonamiento fue en su día la base de lo que se conocía como "mayoría natural" (adaptación fraguiana del concepto nixoniano de "mayoría silenciosa").

Sucede que el carácter errático de Mariano Rajoy (quien en la pasada legislatura reunió hasta el último voto conservador en España y hoy trata de vertebrar su discurso en un plano no ya menos agitativo sino directamente contradictorio con el matenido hasta el momento) ha convencido a un elevado porcentaje de los más fieles votantes del PP de que "se ha vendido a los rojos" (no debe ignorarse que desde algunos círculos se le haya acusado de haber ingresado en la masonería). Y esto se traduce en que diversos colectivos que aglutinan a los más reaccionarios y ultras seguidores del PP estén jugando de un tiempo a esta parte con el chantaje político frente a ese Rajoy que antaño les mimara. Parte de este juego consiste en que personas y agrupaciones que presumen de su condición de reaccionarios hacen guiños y carantoñas a Unión Progreso y Democracia. Esto, que para la propaganda anti-UPyD del PSOE es oro puro, en realidad no se podrá traducir en un voto efectivo a UPyD. La razón fundamental ya ha sido apuntada: los votantes de ultraderecha son los más fieles al PP y así lo han demostrado a lo largo del tiempo pues todos los intentos de constituir partido más allá de la derecha representada por el PP han sido un fracaso (partidos que asumen sin matices la política social de la Iglesia: Alternativa Española, Familia y Vida, las diversas coaliciones fascistas, etc). Y es que actualmente hay una lucha interna por el poder en el PP y en dicha lucha la amenaza con el paso a UPyD es un farol.

No obstante ha de reconocerse que si bien UPyD es un partido cuyo manifiesto, Estatutos y programas son abierta y expresamente contrarios a cualquier idea reaccionaria o ultraderechista no es menos cierto que muchos ultraderechistas aspiran a colonizar este partido. Pero esos ultras no son fundamentalmente miembros del PP sino más bien de la marginalísima ultraderecha que vive en el perpetuo cambio de siglas y agrupaciones. Para estos individuos las apelaciones a la unidad nacional y a una "mayor democracia" parecen ser motivos suficientes para hacer submarinismo en las aguas de UPyD. Ni que decir tiene que dichos sujetos poco o nada pueden hacer para conseguir semejante objetivo y que, claro, su número es muy reducido como para siquiera tenerlos en cuenta en cálculos electoralistas.

Pero aún teniendo en cuenta lo apuntado, subsiste la pregunta: ¿por qué el PP ataca a UPyD? ¿Por qué el candidato gallego del PP Nuñez Feijoó dice que votar UPyD es votar nacionalismo y socialismo? ¿Por qué ese empeño en convencer a los convencidos? Y es que a nadie sorprende que UPyD es un partido que apoya una ley de plazos para el aborto, un partido que apoya que el Estado transmita valores morales, un partido, en suma, que es exactamente lo opuesto al reaccionarismo. Llegado el momento de las elecciones los chantajistas ultras que hoy loan a Rosa Díez votarán en estricto orden militar a los candidato de "la mayoría natural". Los votantes que, habiendo votado al PP en el pasado, voten a UPyD serán ante todo personas moderadas pues moderado es nuestro discurso. Y es que no sólo de losantianos (esto es: liberales sui generis) o ultraderechistas se ha nutrido el PP en el pasado.

¿Conclusión? Creo que el PP tiene un miedo terrorífico a que en unas elecciones impopulares como las Europeas de este año UPyD capitalice un voto de castigo de votantes "flotantes" del PP. No creo tanto que el voto ultra del PP esté en peligro. Considero, por ello, que la actual campaña del Partido Popular contra UPyD es sólo un arrebato de histeria por parte de una dirección política cuestionada que trata de buscar explicación a su falta de éxito en la oposición. ¿Y qué decir de las palabras de Nuñez Feijoó? Pues un par de cosas: 1º) Remarca a UPyD como opción de castigo al PP y 2º) Implícitamente afirma que UPyD es una opción moderada que trasciende los apaños y se dirige al mantenimiento de unos principios. Unas palabras las de Feijoó que vendrían a denotar su propia desesperación y torpeza. En definitiva: malos tiempos para el PP, buenos para el liberalismo.

No todo vale.




"Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa." Demócrito dixit.

martes 2 de septiembre de 2008

Dos noticias de dos fraudes

La primera noticia, el "desadelantamiento" electoral de Touriño, resulta para algunos una manifestación de la corrupción del poder o de su mal uso. Más allá de que esto sea efectivamente así (semejantes fraudes de ley se suceden legislatura tras legislatura) no cabe duda de que, siendo como es Touriño, todo lo acontecido respecto a un posible adelanto a otoño se trataba de un fraude publicitario. Cosa semejante podría identificarse con la categoría civilista romana del "dolus bonus" o, en "cristiano", engaño comercial. Un engaño éste que consiste en la exageración deliberada de las cualidades de un producto. Los romanos a esta clase de dolo lo calificaban de "bueno" en tanto, como ahora, se trataba de una práctica tan extendida que debía tenerse por socialmente aceptable. En el mercado político, y más en mercados turbios (el fenómeno del caciquismo, el voto emigrante, el sentimentalismo galleguista obligatorio) como el gallego, no es ajeno a fenómenos como los descritos. En dicho sentido Touriño vendría a ser ese mal producto, fruto de una producción de arribistas tan antigua y masiva como defectuosa, al que sesudos expertos en las apariencias decidieron presentar como lo que no es: un político independiente.

Tras discursos que por necesidades del guión autonómico son marcadamente regionalistas, e incluso agresivos o chovinistas, siempre acaban aflorando las obediencias a Madrid o donde toque. Touriño, por su parte, no es más que la evidencia de la corrupción del sistema. No porque adelante y desadelante elecciones sino porque siendo una persona notoriamente limitada en todos los aspectos que dan vida a un hombre público se sienta en lo más alto del PSOE en Galicia. Se trata de la misma corrupción que se esconde tras personajes como Pepiño Blanco. En definitiva: Touriño no es un genio político ni parece que pueda permitirse seriamente jugar a serlo aunque tenga, como mandamás autonómico, cierto margen.

Siendo Touriño una "piadosa" nulidad que ha sido sometido al continuo desgaste de unos socios de gobierno que han aspirado a constituirse en gobierno paralelo parecía necesario darle otra cara. Además no estaría mal, supongo, el resaltar su presunta independencia respecto de Madrid de cara a esos que piensan que el buen gobierno de Galicia pasa por volver al mercantilismo de lo localista. A tales fines ha obedecido toda la polémica del adelanto electoral y la escenificada intransigencia. Se quería un Touriño más vendible y los magos del marketing han hecho todo lo que podían por vendernos semejante producto. Y por cierto que en estas ingenierías perversas los del PP no se quedan atrás: sugiriendo un posible pacto con el BNG para que, de momento, los votantes "flotantes" del BNG no les dé por pasarse al PSOE por eso del posibilismo o lo pragmático...

La segunda noticia de estos días de movimientos ha sido el auto judicial (que no "les da la razón" a los de Xoan Gato porque no se trata de una resolución definitiva, tal como éstos sugieren) que establece medidas cautelares en beneficio de quienes habían perdido , de forma casi inexplicable y desde luego inexplicada, el control de Terra Galega. Aquí ya hablé de las previsibles consecuencias de tanto ir y venir en esta reedición del "nacionalismo moderado". A día de hoy no puedo menos que repetir lo dicho: que ha quedado desvelado hasta qué punto Terra Galega es un circo a mayor gloria del poder desnudo en cuyo seno se producen la clase de disputas que en las instituciones ya representaron sus antecesores de Coalición Galega. Por otra parte sigue cabiendo preguntarse, como hace unas semanas, qué clase de "moderación nacionalista" aspira Terra Galega a aplicar sobre los demás partidos políticos en Galicia. Porque, que uno sepa, a día de hoy si en algo están todos los partidos políticos en Galicia de acuerdo es precisamente en que son nacionalistas de un modo u otro.

En definitiva: con autos a favor del grupo de Xoan Gato o sin ellos Terra Galega (ahora con dos páginas web antagonistas: la de Padín y la de Gato) es una resucitada voz del pasado cuyas recetas son los errores del pasado y cuyos errores desembocan en la corrupción de siempre. Un grupo, en suma, al que nadie sensato debería prestar la más mínima de sus esperanzas ni el más tibio de los apoyos. Por cierto: ¿qué fue de su alianza aritmética con el Partido Galeguista?

Conclusión: dos noticias acerca de dos farsas. En un caso publicitaria y en el otro... fundacional.


"Una vida inútil es una vida anticipada." Goethe dixit.

lunes 4 de agosto de 2008

De Juana Chaos: una vergüenza nacional

Supongo que es necesario hablar de De Juana Chaos. Aunque siempre temo, en este país nuestro, que al centrarnos en "el personaje" olvidemos "el problema". Un problema nacional, de carácter básico, que desde hace mucho tiempo está socavando la seguridad de los bienes y las personas.

Del mismo modo en que se tiene la ilusión de que el gasto público no lo paga nadie, es mágico, también existe entre muchos españoles (de ayer y hoy) la ilusión de que no existe relación entre la calidad del sistema penal (o el sistema penal mismo) y la seguridad con que discurre la vida en sociedad. Así queda todo reducido a un problema de educación en el que medios de comunicación, productos multimedia y capitalismo en general tienen al parecer un papel clave. Estaríamos todos más seguros si fuesemos mejor educados. Esto, que la historia desmiente con furiosa inclemencia, es la papilla con la que somos bombardeados habitualmente llevando a muchos a la indiferencia irresponsable de la que sólo parecen desprenderse ante la visión de monstruos. Monstruos como son De Juana o los más notorios criminales sexuales.

Otros alcanzan valor para pedir amparo y apoyo a las víctimas. A las víctimas del terrorismo. Pero no vemos nada parecido en apoyo de las víctimas de delitos en general. Como si la seguridad de bienes y personas fuese un problema mezquino digno del orden del día de comunidades de vecinos, cuando lo es todo (o debiera serlo) para una comunidad política que aspire a alguna clase de legitimidad. Y es indiscutible que en España se ven desamparadas multitud de víctimas de multitud de delitos que no inspiran manifestación alguna. De hecho, hace unos meses todo el país se sorprendía de que agredir gratuitamente a alguien no supusiese pena de cárcel. Vergüenza de país.

Pero no me malinterpreten. No soy partidario sino más bien declarado enemigo de esas reflexiones relativistas que sugieren que el terrorismo es un problema menor por cobrarse menos víctimas que los accidentes de carretera o el empacho de pasteles. Porque la gravedad de los fenómenos criminales no se cifra tanto en las víctimas que la categoría en que se encuadren generen sino por sus objetivos. Todo sistema penal debe contener al fin y al cabo una política criminal.

El terrorismo es una clase de lucha política merced a la cual un grupo minoritario aspira a imponer sus visiones acerca del Estado a una mayoría de ciudadanos. Sus argumentos son los evidentes: la capacidad de producir cadáveres y de sembrar la inseguridad en nuestros corazones. Aspiran a hacerlo hasta que no nos atrevamos a hablar, a escribir y, finalmente, a pensar. Así, cuando nadie hable, escriba o piense la mera fuerza será elocuente y ellos, en esas, esperan poder apoderarse del espacio político del que quieren erigirse en déspotas. Sus objetivos difícilmente podrían ser más ambiciosos y por tanto sus crímenes dificilmente serían menos graves. Como se decía antes: ningún Estado que aspire a la legitimidad puede dejar actuar a criminales semejantes sin hacerles acreedores de castigos terribles. Son criminales horrendos.

Ciertamente debe haber alguna razón por la que nos conmuevan tanto los grandes asesinos y los criminales sexuales de determinada naturaleza. Hay quien prefiere mantener una suerte de cinismo pero en buena medida una mayoría, puede que abrumadora, estamos de acuerdo en que hay crímenes tras cuya comisión no cabe, no se merece, reinserción. ¿Será que somos civilizados? Y es que al igual que se dijo que después de Auschwitz no era posible hacer poesía podría decirse que después de matar a veinticinco personas no debe ser posible volver a ser un ciudadano libre. Creo, además, que se equivocan quienes dicen que el "arrepentimiento" hace variar las cosas en exceso. Como se suele decir: a lo hecho, pecho.

Todo sistema penal se enfrenta al reto de ser coherente y sólo algunos lo consiguen. Dado que unos delitos son más graves que otros sus penas se establecerán en base a tan sencilla realidad. De tal modo, quien mata a una persona a sangre fría recibirá menor pena que quien hace lo mismo pero con dos personas y así sucesivamente. Lo que pasa es que cuando se excluye el concepto de crimen horrendo (el punto de no retorno o no reinserción) se condena a todo el edificio penal a la incongruencia y el absurdo. Entonces vemos el carnaval de condenas a tres milenios de prisión que se quedan en veinte o, conforme a la ley vigente, treinta como mucho (o cuarenta en caso de determinados terroristas reincidentes). A todas luces resulta insuficiente resultando preciso, más bien, que se prevea cuando menos la muerte social (cadena perpetua) para los criminales horrendos. Los monstruos como De Juana Chaos, y otros tantos delincuentes reincidentes, nos recuerdan esta acuciante necesidad.

El asesinado no tiene una segunda oportunidad, ¿por qué el asesino sí? Porque les recuerdo a todos esos reformadores sociales que han edificado nuestra inseguridad presente que el asesino no es un homicida accidental sino aquel que, como dice el Código Penal claramente, mata con alevosía (habiendo buscado la indefensión de la víctima); mediando precio, recompensa o promesa; o con ensañamiento. No estamos pues ante alguien que accidentalmente se encuentra en tal posición. Mucho menos cuando se asesina a varias personas mediante el uso de explosivos u armas semejantes. ¿Quienes resuelven realizar tales acciones pueden al cabo de unos años sonreir en libertad? Acaso pueda resultar tópico hacerse tales preguntas pero son necesarias. Son necesarias ante el evidente caos y horror al que nos aboca la filosofía penal detrás de determinados pasajes de nuestra Constitución de 1978 y todos los códigos penales que puedan crearse en respeto de aquellos. No debemos pensar que treinta años de prisión sean suficientes por el hecho de que nosotros, ciudadanos honrados, los juzguemos una enormidad. Debemos hasta cierto punto pensar como la víctima, ponernos en su lugar, y recordar que toda justicia debe contener un castigo, una venganza. De lo contrario se llegará a la conclusión de que la sociedad debiera librarse de personajes como De Juana Chaos, o tantos y tantos horrendos criminales sexuales (que son asesinados por presos comunes en las cárceles), mediante actos al margen de la ley: venganza privada, en definitiva. Y eso, ni que decir tiene, es la vuelta a la jungla.

Los que ahora sugieren que deberíamos meter en la cárcel por cualquier menudencia a De Juana Chaos para volver a soltarle el verano próximo o el mes que viene no tienen cabeza. Aquí no se trata de poner remiendos, hay que dar un cambio radical a la ley aprovechando precisamente el efecto revelador de monstruos como De Juana para obrar dicha reforma constitucional. España debería dejar de pendular entre los linchamientos y la impunidad legal: nos merecemos algo mejor. ¿O no?

No más "De Juanas", no más víctimas burladas.




"El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los no matan pero dejan matar" Ortega y Gasset dixit.

sábado 26 de julio de 2008

La economía: ni de Galicia, ni de nadie.

Es dudosa, a cada día que pasa más, la existencia de economías que se correspondan a los estados-nación actuales. Más dudoso será, si cabe, la existencia de economías correspondientes a regiones de los antedichos estados. De hecho, como es sabido, algunos enfoques económicos nacionalistas se basan en presuntas sinergias entre parte de la economía portuguesa y la gallega, así como otras regiones de la misma España.

Hablar de una economía para Galicia es en buena medida la expresión de un deseo político particular, no una descripción inocente o "teórica". Por eso no resulta justo, por así decirlo, criticar a los más antiguos galleguistas de no tocar temas económicos. No es justo o al menos es "tan justo" como criticar que dichos ideólogos del pasado no tuvieron la ocurrencia de disfrazar sus pretensiones de forma inteligente o elegante. Es el signo de los tiempos.

Porque la presunta necesidad de una defensa económica de un nacionalismo como el que viene siendo el gallego (que nace del tradicionalismo más explícito: Otero Pedrayo, por ejemplo, se salva de ser fusilado en la Guerra Civil por ser un reconocido ultraconservador) es en realidad fruto del "complejo" al que semejante movimiento político se ve abocado en el marco de la segunda globalización. Hay que utilizar el lenguaje capitalista para criticar al capitalismo, del mismo modo en que hay que usar el castellano para concertarse con los otros separatistas de España. Pero claro, en el trayecto se acaba por traicionar la realidad que en el nacionalismo subyace.

El nacionalismo, del signo que sea, es una manifestación del tribalismo. Un viejo y feo asunto del que los hombres somos presa de forma recurrente. Bajo la farsa tribal muchos son los que se sienten más dichosos o seguros de sí mismos por sentirse formar parte de algo superior a ellos. Por suerte o por desgracia ese algo superior no está bajo el control de esos a los que provee de dicha y contento: las más de las veces está fuera de todo control. La "liberación nacional" se convierte entonces en el apetitoso menú de quienes persiguen engullirse la libertad, los derechos individuales. Porque en la falsa igualdad que el nacionalista pretende alcanzar en realidad sólo se puede y debe ver una búsqueda de nuevas y más fuertes obediencias. Y es que como dice Antonio Escohotado, llevan siglos hablándonos de igualdad y sólo quieren obediencia.

Las ideas nacionalistas o tribalistas deben necesariamente desembocar en alguna forma de insatisfactoria autarquía de cuyo seguro fracaso habrán de ser culpados los sospechosos habituales del momento. Estas ideas no pueden ser defendidas consistentemente mediante un análisis económico racional, o que aspire a serlo, en tanto el fundamento de las mismas es estrictamente irracional, holista. Porque para una economía mínimamente libre las demarcaciones políticas han de tener la misma importancia que para el ave que las sobrevuela. Una aspiración de las ideas nacionalistas de vestirse de racionales ropajes no será más interesante, ni menos, que intentos en idéntica dirección por parte de los representantes de las diversas creencias religiosas.

Obviamente no es de esperar en estos tiempos, aunque sería honesto por parte de algunos de sus partidarios, un nacionalismo defendido por gruñidos y amenazadoras señas. No es de esperar pero debe quedar claro que cualquier intento por presentar el nacionalismo como una nueva y "refrescante" solución a nuestros problemas como sociedad será un engaño de vieja factura. Popper nos descubrió que siempre son iguales y apelan a lo mismo:

1) Protección del tribalismo detenido: cerrarse a toda influencia extranjera que pudiera poner en peligro la rigidez de los tabúes tribales.

2) Antihumanitarismo: cerrarse, más específicamente, a toda ideología igualitaria, democrática e individualista.

3) Autarquía: no depender del comercio.

4) Antiuniversalismo o particularismo: sostener la diferenciación entre la propia tribu y todas las demás; no mezclarse con los inferiores.

5) Dominación: someter y esclavizar a los vecinos.

6) Expansión moderada: “La ciudad sólo debe crecer mientras pueda hacerlo sin alterar su unidad”.



Cuando las ideas nacionalistas vencen, cuando se habla de la "economía de Galicia" como si fuese algo capaz de ser sentido, de ser casi respirado, más allá de ser una mera convención contable o administrativa... entonces es cuando son los derechos de los individuos los que comienzan a dejar de sentirse y el resuello del que dependen comienza a extiguirse. Es entonces cuando comienza el tradicional ciclo de amenazas, cinismo y represión que es esencia de todo autoritarismo: por bucólico que se nos presente.

El mercado puede hacer que los planes de los nacionalistas se nos presenten utópicos pero sería un error subestimar su ambición. A la misma debe oponerse una no menos ambiciosa defensa de lo individual, frente a lo colectivo, y de lo común, frente a lo disgregador.




"Amo demasiado a mi país para ser nacionalista." Albert Camus dixit.

Salud y libre comercio

PS: este artículo ha sido inspirado como réplica de este artículo.

domingo 22 de junio de 2008

Carta a un militante

Como sabes soy de tu misma opinión, y no la cambiaré por los vientos de la moda.

Toda organización humana requiere elementos de autoridad para funcionar. Es muy sencillo adoptar una postura dogmática en contra de esos elementos autoritarios pero lo cierto es que la práctica impone su existencia. Ocurre que la demagogia en torno a este tema es tan atractiva para la ambición individual que se presentan, en todas las organizaciones, cíclicamente iniciativas anarquizantes de esta clase. Quienes alcanzan puestos de poder mediante estas tretas, como genialmente señalaba Maquiavelo en "El Príncipe", pueden tornarse autoritarios (cosa muy complicada) o bien desaparecer tan rápido como han aparecido. Agitar la demagogia suele tener el precio de un poder efímero: “quien construye sobre el pueblo (o más correctamente "sobre el populacho") construye sobre el barro”.

La realidad, como decía, se acaba por imponer y para el establecimiento de un modelo de organización con un mismo o idéntico discurso en los puntos esenciales (como exige la naturaleza del proyecto UPyD) es preciso un "período constituyente" en el que se instauren más las ideas que los personalismos. Rosa Díez parece una persona bastante válida, dada su honradez y honestidad demostradas, para ello. Se corre el riesgo de centrarnos demasiado en Rosa, sí, pero es que no parece sensato que nos pongamos todos a jugar a ver quien es el émulo más fulgurante de Rosa Díez. ¿Por qué? Porque eso, como se comprueba, termina en fulanismos de tres al cuarto y caciquismos que no harán sino hundir la moral de las bases sociales, en construcción, de la iniciativa política UPyD. Desconozco en suma qué grado de democracia es posible asumir en la organización interna de UPyD (está por ver) pero niego que el objetivo de este partido sea la construcción de lo que el mundo Occidental no ha sido capaz: la democracia identitaria o democracia directa absoluta o cuasi absoluta. Perseguir tal objetivo parece poco juicioso y considerar que la reforma de las instituciones españolas pasa por tender UPyD, o todo el colectivo de partidos políticos nacional, hacia la democracia interna absoluta es un dislate. En cualquier caso no es el momento y veo en la cuestión de la apertura de listas absoluta y demás absoluteces en torno a la democratización serios problemas arancelarios (es decir: si tú quitas "los controles" puede que los otros competidores empleen contra tí una política de "empobrecer al vecino" manteniendo los suyos mientras te torpedean). No creo que sea el elemento central, ni deba serlo, del programa de acción de UPyD.

Todo movimiento político llegado el momento ha de saber desprenderse de los exaltados que inicialmente se le asocian y saber gestionar a los ambiciosos sin nada que ofrecer que intentan dirigirlo. Parece que el método de la promoción del voluntariado, las primarias cada X años y la mera dinámica electoral pueden ejercer de buen filtro a tal fin siempre que las primarias tengan un grado de apertura razonable. El punto clave de la política, al contrario de lo que pensaban los autores clásicos como Platón o Aristóteles, es cómo y para qué se gobierna y no quiénes lo hacen. Siendo esto así quienes hoy nos dicen que la clave es que se vote todo y a todos y no lo que se haga y deje de hacer, lo que se diga y deje de decir… en el mejor de los casos están en otro plano de la realidad. Un plano en el que no sólo no hay más votantes que ellos sino en el que además no hay esperanza.

Puede que lo diga como liberal más que como "terceirista" pero para mi la democracia es un medio y no un fin. El fin será, más bien, la libertad del ciudadano. Lo otro es la libertad de la demagogia: algo que siempre acaba o bien en el caos o bien en el insidioso cesarismo y sus tortuosos caminos de ida y vuelta.

No estás solo.

martes 17 de junio de 2008

Perder el juicio